jueves, 8 de abril de 2010

Los héroes anónimos que dejó el Tsunami

Esta es la increíble historia de uno de ellos…
Nunca usó capa, ni voló por encima del Empire State luchando contra simios gigantes, tampoco tuvo rayos ultra poderosos, ni vivió en ciudad Gótica. Su mayor posesión eran dos radiotransmisores portátiles que le sirvieron para salvar la vida de cientos, quizás miles de habitantes de Constitución. ¿Su nombre?, José Fuentes, más conocido como “Charlie Eco”, el radioaficionado del pueblo, el único que tras el sismo de 8,8 grados portaba un diminuto aparato con batería que le permitió tomar contacto con una lancha que se encontraba 15 kilómetros costa adentro y que le dio aviso de la ola gigante que se abalanzaba sobre lo que hace poco era un pujante balneario de la séptima región.
José no lo podía creer, a los minutos del terremoto tomó a su madre y polola y les dijo que corrieran rápido a un lugar seguro lejos del mar. Sin pensarlo dos veces se sacó los muebles que lo aplastaban y salió a la calle para gritar a sus vecinos que se venía el tsunami. Mientras avanzaba al cuartel de carabineros su voz nerviosa pero enérgica logró convencer a muchos, fue así como centenares de personas se fueron con lo puesto a los cerros de Constitución. Su mayor frustración es que también hubo muchos que no le hicieron caso, incluso un vecino lo garabateó nerviosamente, el mismo que (con ojos vidriosos, nos narra) hoy está bajo toneladas de escombros y barro en alguna parte de este sacudido lugar.
Antes de escapar “Charlie Eco” llegó hasta carabineros y bomberos, los mismos que hicieron sonar sus sirenas, incluso al municipio donde no sabían que hacer. Trató por todos los medios de convencer al resto del pueblo hasta que vio que se le venía encima el mar. Lamentablemente no pudo hacer nada por quienes se encontraban en Isla Orrego distante a unos 400 mts del borde costero. Con desesperación vio como unas 500 personas hacían señas desde el islote pidiendo con gritos y linternas que los sacaran de allí, pero ya era demasiado tarde, porque una segunda ola del tamaño de un edificio barría con todo, dejando literalmente a gente colgando de la copa de añosos y gigantescos árboles.
José hoy se pasea nervioso por la insólitamente intacta plaza de Constitución, lo saludan, lo abrazan, le dan las gracias una y otra vez. Igual que nosotros en medio de las réplicas enfoca su mirada en la cruz de lo que quedó de la Catedral del pueblo, que se mueve con un amenazante zigzaguear. Tiene fé en que lo peor ya pasó, al mismo tiempo se comunica con sus compañeros de Rancagua, Talca, Linares y Curicó. Ellos lo calman con su transmisión radial. Dice que nunca pensó en pasar esta pesadilla, pero aunque esto ha sido peor que la “criptonita”, ya está nuevamente de pie para darle comunicación a su pueblo.
Grande José. Este recuerdo es para ti, estoy seguro que muchos con emoción no olvidarán lo que hiciste, aunque en el pecho no lleves colgada ninguna medalla, ni vueles, ni uses capa, porque para ser héroe no se necesita de súper poderes, sí de tu inquebrantable sentido humanitario y de tu enorme corazón.

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